Mis diversas existencias. Apuntes para una autobiografía
“Mis diversas existencias. Apuntes para una autobiografía”, se trata de una obra doblemente valiosa puesto que su trascendencia no se circunscribe solamente al eslabonamiento de los principales acontecimientos de una vida personal particularmente rica, sino que esos avatares personales van construyendo otra apasionante historia, la de nuestro país en los últimos sesenta años, historia de la que Klimovsky ha sido un testigo –a veces un protagonista– excepcional. La indiscernible, constante oscilación entre esas dos historias es uno de los primeros factores de atracción del libro y revela al mismo tiempo cómo la Argentina se fue convirtiendo en una de las grandes pasiones del autor.
Klimovsky ha sido una figura gravitante en la vida cultural, política y universitaria de nuestro país, reconocida por el premio Konex de Diamante (1996) y sustentada en buena medida por su dilatada trayectoria docente en disciplinas tales como la filosofía, la matemática o la epistemología, actividad que ejerció tanto en centros universitarios de Buenos Aires como del interior o de otros países.
Proyección de esa tarea docente han sido los centenares de artículos que ha escrito, los múltiples libros (Las desventuras del conocimiento científico –obra que, según fuentes de la Cámara Argentina del Libro, ha sido la más fotocopiada luego de las de Freud–, La inexplicable sociedad, Las desventuras del conocimiento matemático, entre otros.), su activísima participación en el debate público de todas las cuestiones que estaban en la órbita de sus intereses, elementos que en su conjunto lo han llevado a ser uno de los más prestigiosos epistemólogos latinoamericanos.
Así, dentro de su trabajo específico, la investigación epistemológica lo llevó a acercarse a la psicología, campo habitualmente soslayado por las ciencias “duras”, donde realizó sustanciales aportes que lo llevaron a obtener, en 1989, el premio bianual de la Asociación Psicoanalítica Internacional por su contribución a la difusión del psicoanálisis.
Más allá de ese reconocimiento nacional e internacional, sus inquietudes personales lo llevaron a transitar en otras áreas. De esta manera, hubo también en Klimovsky lo que podría denominarse “una vocación política”, que se desplegó en su militancia contra el nazismo, el autoritarismo, en favor de los derechos humanos, una suerte de quintaesencia de todo lo anterior. Al respecto, resultan memorables tanto el capítulo que le dedica a la “Noche de los bastones largos” como el relato de su participación en la CONADEP, entre muchos otros ejemplos de esa “vocación política”. Con ese mismo espíritu, el libro va desarrollando, por ejemplo, su reflexión y sus vivencias con respecto a la cuestión judía o la religiosa, al antisemitismo, a la Guerra Civil española, a Hiroshima, a la Unión Soviética (a la que visita en dos ocasiones), a Irak, por sólo citar algunos de los temas que han estado dentro de los intereses del autor.
El conjunto, además de proponer una lectura cautivante, resulta al mismo tiempo un documento indispensable para entender los avatares que ha experimentado la Argentina durante los últimos sesenta años.